Con el objetivo de conocer las necesidades de los estudiantes y las oportunidades de mejora en el apoyo institucional para seguir consolidando el modelo de educación híbrida, la Universidad Autónoma de Bucaramanga (Unab) y Birgham Young University (BYU), localizada esta última en Provo, estado de Utah (USA), adelantaron un estudio de compromiso académico, titulado University Support for Academic Engagement, el cual indagó de qué manera los estudiantes de la Unab demostraron progresos en su desempeño en ambientes virtuales o híbridos, en plena época de restricciones por la pandemia del covid-19.

La iniciativa surgió luego del esfuerzo hecho desde Unab Innova por fortalecer las herramientas de enseñanza para los profesores, por cuenta de la pandemia, pero se hacía necesario conocer qué tan bien los estudiantes se adaptaron a una situación de emergencia y qué barreras dificultaron su proceso de formación en esta modalidad híbrida, según explica Adriana María Martínez Arias, directora de Docencia.

Para llevar a cabo este propósito se trabajó de la mano con el profesor Charles R. Graham, experto de BYU en diseño y evaluación de entornos híbridos y virtuales de aprendizaje, con el fin de aplicar en septiembre pasado una encuesta a 1.165 estudiantes de pregrado y 130 de posgrado, a quienes se les evaluó su experiencia en tres dimensiones clave: afectiva, comportamental y cognitiva.

“Una de las cosas más interesantes es el concepto holístico y transversal del estudio. Se presenta en estas tres dimensiones que miden la energía que un estudiante invierte en su proceso de aprendizaje, fuera del esquema simplista de enfocar toda la importancia en la atención a la clase, en donde por lo general se dejan por fuera factores que impactan positiva o negativamente ese proceso”, indica Martínez Arias. Su entorno familiar, el estado emocional, las dificultades económicas o barreras de acceso a la tecnología, entre otros, determinan el éxito o fracaso de un estudiante bajo la modalidad híbrida y/o virtual.

Dentro de los principales hallazgos presentados al equipo directivo en marzo pasado están que en el 32 % de los estudiantes de pregrado se reportan tres o más barreras que entorpecieron su aprendizaje, como la conectividad, el transporte y el lugar para estudiar, asimismo, la mayoría manifestó haber contado con niveles positivos de soporte y, además, reveló la necesidad de mejorar servicios de bienestar, tanto para estudiantes presenciales como virtuales.

“Nos dimos cuenta que si bien la Universidad ha hecho un buen trabajo, no hay indicadores negativos, vimos que la experiencia ha sido más positiva en los estudiantes de posgrado que pregrado, seguramente por aspectos como la madurez que les permite adaptarse más rápido a métodos no tradicionales”, explica la directora de Docencia.

Para la Universidad es claro que este es un insumo de la mayor importancia para seguir trabajando en mejorar la experiencia de formación, tanto en el profesor como en el estudiante, que no sea el producto de la atención a una emergencia sino que tenga que ver con la empatía a largo plazo: salud mental integral, canales de comunicación más personalizados, accesibilidad a los campus y repensar su concepto físico, entre otros factores.

Tabla Técnica

Fecha 
Abr 18, 2022
Tipo 
Noticia